martes, 28 de febrero de 2012

Trofeo Cuack de surf. [Segunda secuela.]



 

                                                        


 
Esta vez, en esta parte del relato de los Cuacks, el rey Don Cuack es teletransportado a un mundo muy extraño, donde seres altos y erguidos caminaban a dos patas. Había caído desde un agujero dimensional desde el cielo. Caía en picado, pero eso a él no le importó ni lo más mínimo. Adoptó posición erguida, soltó un cuaquido de realeza, y se dejó caer cual grácil pluma desde lo que quedaba de altura. Por desgracia para él, acabó por hacer un boquete con su forma en el suelo. Cuando recobró el sentido, salió del boquete. Era todo extraño a su alrededor. Sus reales plumas amarillas estaban llenas de muy pequeños granos de.. Ni él mismo sabría decir de qué. Se sacudió haciendo vibrar todo su plumaje, quedando después como una rata secada con secador. Cuaqueó dos veces, dando leves pasos, pero aquella tierra era demasiado densa como para poder caminar con sus patitas, a si que optó por flotar. No sabía bien a dónde dirigirse, pero a lo lejos, su único pero gran ojo podía ver un cúmulo de seres altos, delgaduchos, extraterrestres, se decía. Cuando se acercó, todos parecían pasar de él, haciendo que la vena de su cabezón se hinchara más de lo debido. Todos parecían estar demasiado atentos al agua. Pero..¿Eso era agua?. Se preguntaba para sí mismo. Aquellos extraños seres parecían volar sobre elevaciones de agua, sobre tablas..¿Cómo era posible eso?. Curioso ante tal magia, se acercó hasta la orilla, pero fue apartado y pataleado por las largas piernas de los seres extraños, que con intrigantes artilugios mandaban haces de luz a los que cabalgaban el agua. De pronto, sintió cómo le empujaban por detrás, ¿era acaso invisible?. Uno de aquellos seres extraños lo había empujado para lanzarse al agua con una tabla. El rey entrecerró la mirada, nervado de la ira y se propuso asaltar al extraño. Y así lo hizo. Revoloteó hasta la tabla, y antes de caer sobre esta, dio un fuerte megacuakido, haciendo salir despedido al que anteriormente portaba la tabla. Se posó grácilmente sobre ésta, pero no conseguía estarse quieto. El agua estaba muy intranquila, y lo estaba arrastrando hacia dentro. El rey, atemorizado comenzó a cuaquear, pero era inútil, y veía que no podía flotar hasta la orilla, estaba demasiado lejos. Sin darse cuenta de ello, ya estaba a una gran altura. ¿Había conseguido cabalgar al agua?. Por un momento, su real ser se sintió imponente e importante. Gallito, decidió aletear sobre la tabla, yendo de un extremo a otro, cuaqueando como si fuera el rey del mundo, aunque de por sí, creía que lo era. Los flashes cegaban su único ojo, y cuando pudo recobrar el sentido de la vista, ya estaba de nuevo en la orilla. Sin esperárselo, aquel cúmulo de seres extraños que antes había pasado tan vilmente de él, lo estaba alzando por los aires, emitiendo sonidos extraños. Todo era extraño. Pero parecían bastante felices, eufóricos.  Después de tal arrolladora euforia con el pobre rey ya mareado, lo bajaron al suelo, colocándolo en una plataforma con unos extraños símbolos. Su puesto era el más alto, y había dos seres extraños a ambos lados. Acto seguido, un extraterrestre de largos cabellos rubios y sonrisa radiante, si a eso se le podía llamar pico, colocó sobre su amarillenta ala lo que parecía ser un trofeo, y a los adyacentes, unas cosas redondas colgadas de cuerdas. Éstos sonrieron, y otro extraterrestre lanzó a través de un aparato otro de esos rayos de luz cegadora. El rey, viendo las estrellas por el efecto causado en su único ojo, dejó caer su cabeza rendido en la gran copa plateada que lo igualaba en tamaño. ¿Qué sería todo aquello?. Habían extraterrestres de distintos tonos, tamaños, ¿Cómo era posible toda aquella extensa cantidad de agua que se perdía a lo lejos?. Para cuando el patirey había conseguido recobrar el sentido, ya por cuarta vez en el día, apretó un botón situado en una de sus patas. Lo que parecía ser un reloj se iluminó con una luz verdosa, y al instante, el agujero dimensional que lo había llevado hasta aquel sitio, lo absorbió a él y a la gran copa plateada, llevándolo de nuevo a su adorado planeta ante las incrédulas miradas de los extraterrestres, que se habían quedado ya bastante pálidos. Parecía ser que al rey Don Cuack le había hartado todo aquel ambiente caluroso, en el que no se podía caminar, y en el que los flashes cegadores reinaban por sí solos, pero aquella sensación que le había dejado estar en la cima de aquel montón de agua. Tal era su admiración por aquel sentimiento, que se propuso inaugurar ese entretenimiento en su planeta, pero claro está, no lo haría él con sus plumosas alas, sino su mano derecha, el alférez Pato Donald, quien lo haría sin rechistar. Había sido un día agotador.                                                                           


                                                  


2 comentarios:

  1. Pato Donald omg xD No sé qué dice tu profesor acerca de los detalles, yo lo veo bastante bien, tiene los justos y necesarios. Sigue así e_e

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  2. En tan interesante para mí recibir mi primer comentario en mi primer blog..e.e Y, claro, creo que ya estoy en el siglo diecinueve.

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