Trofeo Cuack de surf. [Segunda secuela.]
Esta vez, en esta parte del relato de los Cuacks,
el rey Don Cuack es teletransportado a un mundo muy extraño, donde seres altos
y erguidos caminaban a dos patas. Había caído desde un agujero dimensional
desde el cielo. Caía en picado, pero eso a él no le importó ni lo más mínimo.
Adoptó posición erguida, soltó un cuaquido de realeza, y se dejó caer cual
grácil pluma desde lo que quedaba de altura. Por desgracia para él, acabó por
hacer un boquete con su forma en el suelo. Cuando recobró el sentido, salió del
boquete. Era todo extraño a su alrededor. Sus reales plumas amarillas estaban
llenas de muy pequeños granos de.. Ni él mismo sabría decir de qué. Se sacudió
haciendo vibrar todo su plumaje, quedando después como una rata secada con
secador. Cuaqueó dos veces, dando leves pasos, pero aquella tierra era
demasiado densa como para poder caminar con sus patitas, a si que optó por
flotar. No sabía bien a dónde dirigirse, pero a lo lejos, su único pero gran
ojo podía ver un cúmulo de seres altos, delgaduchos, extraterrestres, se decía.
Cuando se acercó, todos parecían pasar de él, haciendo que la vena de su
cabezón se hinchara más de lo debido. Todos parecían estar demasiado atentos al
agua. Pero..¿Eso era agua?. Se preguntaba para sí mismo. Aquellos extraños
seres parecían volar sobre elevaciones de agua, sobre tablas..¿Cómo era posible
eso?. Curioso ante tal magia, se acercó hasta la orilla, pero fue apartado y
pataleado por las largas piernas de los seres extraños, que con intrigantes artilugios
mandaban haces de luz a los que cabalgaban el agua. De pronto, sintió cómo le
empujaban por detrás, ¿era acaso invisible?. Uno de aquellos seres extraños lo
había empujado para lanzarse al agua con una tabla. El rey entrecerró la
mirada, nervado de la ira y se propuso asaltar al extraño. Y así lo hizo.
Revoloteó hasta la tabla, y antes de caer sobre esta, dio un fuerte
megacuakido, haciendo salir despedido al que anteriormente portaba la tabla. Se
posó grácilmente sobre ésta, pero no conseguía estarse quieto. El agua estaba
muy intranquila, y lo estaba arrastrando hacia dentro. El rey, atemorizado
comenzó a cuaquear, pero era inútil, y veía que no podía flotar hasta la
orilla, estaba demasiado lejos. Sin darse cuenta de ello, ya estaba a una gran
altura. ¿Había conseguido cabalgar al agua?. Por un momento, su real ser se
sintió imponente e importante. Gallito, decidió aletear sobre la tabla, yendo
de un extremo a otro, cuaqueando como si fuera el rey del mundo, aunque de por
sí, creía que lo era. Los flashes cegaban su único ojo, y cuando pudo recobrar
el sentido de la vista, ya estaba de nuevo en la orilla. Sin esperárselo, aquel
cúmulo de seres extraños que antes había pasado tan vilmente de él, lo estaba
alzando por los aires, emitiendo sonidos extraños. Todo era extraño. Pero
parecían bastante felices, eufóricos.
Después de tal arrolladora euforia con el pobre rey ya mareado, lo
bajaron al suelo, colocándolo en una plataforma con unos extraños símbolos. Su puesto
era el más alto, y había dos seres extraños a ambos lados. Acto seguido, un
extraterrestre de largos cabellos rubios y sonrisa radiante, si a eso se le
podía llamar pico, colocó sobre su amarillenta ala lo que parecía ser un
trofeo, y a los adyacentes, unas cosas redondas colgadas de cuerdas. Éstos
sonrieron, y otro extraterrestre lanzó a través de un aparato otro de esos
rayos de luz cegadora. El rey, viendo las estrellas por el efecto causado en su
único ojo, dejó caer su cabeza rendido en la gran copa plateada que lo igualaba
en tamaño. ¿Qué sería todo aquello?. Habían extraterrestres de distintos tonos,
tamaños, ¿Cómo era posible toda aquella extensa cantidad de agua que se perdía
a lo lejos?. Para cuando el patirey había conseguido recobrar el sentido, ya
por cuarta vez en el día, apretó un botón situado en una de sus patas. Lo que
parecía ser un reloj se iluminó con una luz verdosa, y al instante, el agujero
dimensional que lo había llevado hasta aquel sitio, lo absorbió a él y a la
gran copa plateada, llevándolo de nuevo a su adorado planeta ante las
incrédulas miradas de los extraterrestres, que se habían quedado ya bastante
pálidos. Parecía ser que al rey Don Cuack le había hartado todo aquel ambiente
caluroso, en el que no se podía caminar, y en el que los flashes cegadores
reinaban por sí solos, pero aquella sensación que le había dejado estar en la
cima de aquel montón de agua. Tal era su admiración por aquel sentimiento, que
se propuso inaugurar ese entretenimiento en su planeta, pero claro está, no lo
haría él con sus plumosas alas, sino su mano derecha, el alférez Pato Donald,
quien lo haría sin rechistar. Había sido un día agotador.
Pato Donald omg xD No sé qué dice tu profesor acerca de los detalles, yo lo veo bastante bien, tiene los justos y necesarios. Sigue así e_e
ResponderEliminarEn tan interesante para mí recibir mi primer comentario en mi primer blog..e.e Y, claro, creo que ya estoy en el siglo diecinueve.
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